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5. Acostumbrarse en un solo día y requerir más de 30 para perder la costumbre

Esta idea de terminar me ronda la cabeza desde hace días, semanas, meses y es cada vez más difícil persuadirla. Cerebro y corazón, razonamiento y sentimientos, eterna lucha por ganar una guerra que en realidad no debería serlo.

Hemos sido todo y nada, hemos dado mucho y recibido poco, ambos, por imposible que suene, así se ha sentido aunque se niegue.

Esta idea de terminar se acumula como pequeñas gotas a punto de llenar una copa de cristal que ya se ha derramado en múltiples ocasiones, la más reciente hace solo unos meses: la copa se derramó y la relación terminó. Hora y media después, con lágrimas en los ojos y fuerzas renovadas, le dimos tres tragos al preciado líquido (uno yo y dos por su parte) bajamos su nivel y empezamos de nuevo.

Pero esta idea de terminar vuelve cada vez, las gotas a la copa siguen llenando y algo dentro grita que seguirle tomando a cambio de unos dias, semanas, meses ya no es la mejor opción, ya no es suficiente. Y ni siquiera hay razones certeras, ni siquiera tiene sentido, es y tiene todo lo que por tanto tiempo he buscado, lo que tanto he pedido. Es solo que mi corazón no hace clic desde hace tiempo, sus latidos suenan averiados y no hay remedio aparente. Aunque vaya en contra de la razón, aunque duela, aunque me lea como alguien completamente perdido, mantenerle a mi lado es lo que realmente ya no tiene sentido.

Esta idea de terminar me ronda de día y de noche, como la muerte a un fumador que aunque sabe que lo esta acechando no puede parar. Sé que se acerca el final pero sigo aferrándome, esforzándome, cuidándole, siendo una buena pareja de la mejor forma que yo sé serlo. No puedo parar aún sabiendo que va a terminar, no es mi naturaleza simplemente renunciar, aunque debería serlo por mi bien y el suyo.

Deber soltar. Deber dejar ir.

¡Deber vaciar la copa y estrellarla contra la pared!

Así esta idea de terminar no regresará. Así esta idea de terminar no me rondará más.

Cuando estamos en una relación demasiado rutinaria, con pocos momentos especiales como esos del principio podemos llegar a sentir que estamos perdiendo el tiempo, que somos prisioneros en una carcel abierta, es tan sencillo salir pero tan complicado al mismo tiempo. Aunque una persona parezca la más indicada y aunque tenga todo eso que tanto hemos buscado, si no se logra sentir algo más que un enorme cariño y admiración, si no hay nada que nos una, que nos comprometa el uno para con el otro o para una tercera persona, si incluso no hay suficiente deseo carnal, si ya no hay esa emoción al verse, si tu interior sigue gritando que salgas de ahí por alguna razón que desconoces o que no terminas de entender. Sal.

Quiero agradecer todo lo que esa persona especial de la que hablo ha hecho, hace y seguirá haciendo por mi. Es un pedacito de humano increíble: me trató como rey, me mimó, me cuidó, en verdad se preocupó por mi, por mi bienestar personal y profesional. Estuvo en mis mejores y peores momentos, he reído y llorado en sus brazos, en sus hombros, en su pecho, en su cara… ha sido un pilar muy fuerte para mí y créanme cuando digo que si de algo estoy seguro es que mi vida SIEMPRE tendrá un pedacito de él, aunque quizá llegue a olvidarlo en un futuro. Es ese tipo de persona que causa impacto.

Llevábamos casi dos años juntos. Mi vida estaba compuesta en un 70-80% de él. En el depa, en el cuarto, en la ropa, en la cama, en el iPhone, en el iPad, en mis fotos, en mis tiempos libres, en la universidad, en el diseño industrial, en Enkin, en las amistades… estaba en todos lados menos en el trabajo y eso es impresionante si te detienes a pensarlo.

Me apoyó y se mantuvo a mi lado a pesar de saber lo mal que estoy de la cabeza. A pesar de ser tan sincero y decirle que no podía amarle, que estaba en un punto en el que no podía subir más y desde el cual ya estaba bajando. Cometí errores, lo lastimé una y otra vez de una u otra forma, aunque nunca nos hicimos daño, nunca traicionamos nuestra confianza, siempre me las arreglaba para hacerlo sentir mal, triste o hasta decepcionado sin siquiera ser esa mi intención, a veces sin yo darme cuenta y a pesar de todo siempre estuvo ahí para mi.

Había algo dentro de mi que se estaba muriendo, se estaba desgastando y no iba a permitir que se acabara: el cariño. Al verlo siento un enorme cariño, ternura, un sentido de protección muy cabrón pero que ahora estaba jugando en nuestra contra pues no me permitía salir de una vez pero tampoco entrar, estaba atascado en el marco de la puerta y sentía venir el temblor, la tragedia. Debía tomar acción ya.

No quería lastimarlo, pero siempre lo hacía al intentar no hacerlo, aunque lastimara menos, aunque lastimara de otra forma, fue imposible evitarlo al intentar ser frío, indiferente, al intentar poco a poco irle alejando, eso también dolía y lastimaba a ambos. Hubo tantas cosas canceladas, que dejaba de hacer o que a la mera hora decidía no darle… pero todo es por él, por mí, por nuestro bien, intentaba ser bueno siendo malo, ya no ser tan cariñoso ni atento para que cuando llegara el momento fuera más fácil.

Conocí sus gustos, miedos, metas, logros, obstáculos, traumas y conoció los míos tan bien, pero seguíamos sorprendiéndonos de vez en cuando, conociendo cosas que ni nos imaginábamos. Berrinches, enojos y la forma en que ahora lograba también hacerme sentir mal a mí, triste, decepcionado.

Ahora sé que eso no era realmente algo bueno, no estábamos avanzando en la relación como se podría entender, sino que estábamos llegando al punto en el que nuestra relación se empezó a deteriorar de forma sutil, casi imperceptible por culpa de la rutina.

Desde la última vez que le fui totalmente sincero y dije todo lo que pensaba me sentí mejor, lo sentí mejor a mi lado, se fue un poquito de la frustración que normalmente sentía a diario pero… algo faltaba, algo se fue, algo se perdió.
¿Era eso lo que merecíamos? ¿Darle traguitos a la copa de vez en cuando para que no se derramara aunque se continuara llenando a diario sin siquiera darnos cuenta y que cada vez los tragos tomaran menos del líquido?

Ya no estaba seguro y tampoco me sentía listo para averiguarlo. Solo sabía que si llegaba el momento en que fuera muy obvio que efectivamente eso estaba sucediendo tendríamos que tomar cartas en el asunto. Merece lo mejor y con mucha certeza lo digo: yo no lo soy, no para él y tampoco él para mí.

Merece alguien que lo mime, que lo cuide más, que lo procure, que lo valore, que sepa corresponder todos esos pequeños detalles y cosas que parecían no importantes ante mi porque algo dentro me impedía expresar mis emociones por miedo a seguirlo reteniendo, por miedo a seguir alimentando una ilusión cuando sabía que no sería capaz de cumplir con el papel que buscaba de mí. Merece alguien que sepa escuchar y no se la pase hablando de si mismo, escribiendo de si mismo e intentado que leyera todo sobre él mismo. Alguien que no esté tan dañado por dentro, alguien que no necesite ser salvado, alguien que pueda salvarlo también…

Cierto día soñé que se moría. No recuerdo cómo, nunca supe, solo sé que estaba muerto. Lloraba mucho, me sentía muy mal, triste, lleno de impotencia, pero ante todo sentía dos grandes, enormes, gigantes remordimientos: el no haberlo valorado. Me dolía intensamente quedarme sin él, sin su presencia, su cariño, sin ese pilar en mi vida, esa energía, ese apoyo incondicional. No sabía que sería de mi vida sin él. ¿Pero saben cuál era el otro remordimiento?

Culpa. Rabia. Enojo. Coraje contra mí mismo.

Por ser tan egoísta. Por no haberlo dejado ir, por no haberlo dejado vivir una vida mejor al lado de otra persona que supiera valorarlo y tratarlo como yo no logré hacerlo por más que me esforcé en casi dos años, por haberle arrebatado el derecho a ser amado, valorado y retribuido, ahora estaba muerto y nunca podría perdonármelo.

Desperté llorando a las tres de la mañana, estuve a punto de marcarle pero me contuve. Me puse a pensar qué pasaría si eso se volviera realidad y la culpa no cupo en mí. Ese día, con ojos rojos e hinchados, el corazón agitado y sudando en pleno invierno tomé la decisión de terminar la relación. Sabía que dejarnos ir sería muy doloroso para ambos pero sabía que a eso podríamos sobrevivir, en cambio el tiempo, las experiencias, el amor, la vida… eso sí que no se puede reponer.

Claro, la decisión la tomé para mí y mis notas, aún tenía mucho miedo a escribir y aún no salía el Fi completo y libre que ha escrito en este libro en vivo, empecé a plasmar todo lo que sentía y comencé a generar ese fin que tarde o temprano llegaría. Aún pudimos robarle dos meses más a la vida, dos meses que disfrutamos juntos, desde aquella noche empezó una relación bonita, estable… pero monótona, poco a poco se fue apagando la llama que tanto calor nos daba y poco a poco fue resurgiendo el Fi que he dado a conocer en mis escritos. Una semana antes de empezar el libro en vivo… terminamos. Le leí todo lo que ahora comparto pero en ese momento estaba dirigido hacia él, sin terceras personas.

Hoy puedo decir que me siento bien. Ya ha pasado un mes desde que terminamos y las cosas marchan bien. Aún tengo una pila de sus cosas en la esquina de mi habitación, resguardadas por una bolsa verde, lejos de mi vista nostálgica, aún llego a encontrar sus rastros en mi vida diaria, aún recuerdo su ser, su esencia, su caricia. Aún lo extraño pero no me siento triste. Al fin puedo decir que nos hemos permitido volar libres, ambos. Porque lo merecemos.

Nuestra relación empezó en un solo día y aunque está tomando más de 30 desacostumbrarme a ella, vamos por buen camino. Tenemos un estudio de diseño juntos, se ha convertido en una responsabilidad por la cual no podemos permitirnos una mala relación y hasta eso, somos afortunados, pocas parejas logran terminar en buenos términos y nosotros lo estamos haciendo. ¡Éxito!

Nuestra relación llegó a su fin pero “at least we stole the show” = “al menos nos robamos el show”.

Lo mejor de la vida viene escrito o lo estuvo previamente y a veces es una escritura más personal que literaria, a veces incluso con destinatario específico, gracias por aún así leer a Fi… con letra.

Posted in Escritura, Fi romántico, Vomito mental

4 Comments

  1. Anonimo

    No sé si este bien lo qué hacemos, pero estoy dispuesto y estuve dispuesto a afrontar mi dolor, pensamientos y miedos por que ella fuera feliz, estoy muriendo en vida, no hay día minuto ni segundo que no piense en ella, no hay mañana que me despierta sin pensarla, deseo escuchar su voz ver su sonrisa, ver sus ojos y ahora estoy cociente que quizás nunca más vuelva a tener esa oportunidad, por qué cuando la tuve decidí dejarla pasar, dicen que el amor es sacrificio y ahora lo siento y entiendo, decidí alejarme y después decidí alejarla, a pesar de todavía estando lejos tener nuevamente otra oportunidad, la vida se encargó de decirme, ya basta aléjala! Soy como una hormiga que la parten en dos pero aún sigue moviéndose una parte de ella, claro sin sentido y sin la dureza y fuerza que antes tenía pero al fin y al cabo moviéndose!

    • Fi

      ¿Sabes cuál es la cuestión? Que si de verdad sientes que lo que estás haciendo es la decisión más correcta para ambos, entonces debes hacerlo POR Y PARA AMBOS. Me suena a que estás sufriendo mucho solo por ella, por alejarla, por dejarla vivir y ser feliz, eso está perfecto, es un gran sacrifico si en verdad es lo correcto, pero dentro de eso te estás olvidando a ti mismo. Debes lograr que esa decisión los beneficie a ambos. Mientras no logres estar bien contigo mismo, seguirás sufriendo por haber tomado una decisión correcta pero dolorosa. Como menciono en el último post, yo tomé la decisión de abandonar la universidad, fue doloroso pero sabía que era lo correcto para mi y no me arrepiento. Un poco más relacionado al tema, yo tomé la decisión de terminar mi última relación porque sabía que era lo mejor para él, al fin soltarlo, alejarlo, dejarlo libre… pero gran parte de ello también es para mí, porque también requiero alejarme, al fin soltarme y ser libre en un sentido más personal. Ya tomaste la decisión por y para ella, ahora HAZLO POR TÍ.

    • Fi

      Ya sé… Lo sigo viendo de vez en cuando por el estudio de diseño y la verdad es complicado, más de lo que esperaba. Pero pues la madurez ya se me nota un poco jaja las cosas no van mal gracias a ello.

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