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7. ¿Estrés postraumático? ¡Que exagerados!

Hoy traigo la primera de una serie de historias que han surgido en mi bloc de notas, sacada del baúl por decirlo así, es una historia que escribí hace unos años y que he editado a fin de quitarle lo más posible esas erratas y redacción de chavo recién ingresado a la universidad.

Hace años que la comunidad LGBT ha sido atacada por las muestras homofóbicas que existen en el mundo, si bien se ha acentuado en Rusia y un tanto más de países, la verdad es que sigue pasando a diario en TODO el mundo, a menor cantidad quizá, pero sigue pasando. Es por ello que actualmente la comunidad se encuentra ciscada, con miedo, a pesar de toda la libertad y aceptación que se ha logrado hay una parte de nosotros que ha quedado marcada y que quizá tome una o dos generaciones más en desaparecer. Mi meta con estas historias cortas es intentar hacer conciencia sobre la grandes y pequeñas aciones que pueden generar cambios en nuestras vidas, no solo referente a la comunidad LGBT sino a todos como seres pensantes y miembros de una sociedad. Ahora que he salido del clóset completamente ya no siento pena, ya no siento temor, eso se ha ido, ahora siento estas ganas tremendas de poner mi granito de arena para contribuir a un cambio de conciencia en la sociedad aunque sea a pequeña escala.

Espero encuentres reflexión en mis palabras y si gustas compartirlas, créeme, no me ayudarías a mí sino a más gente que pueda reflejarse en ellas. Sin más, te dejo la primera después del salto.

Tan acostumbrados a la homofobia que la vemos en todos lados

Tomé su mano y besé sus labios para después recibir un -Te amo- de respuesta y contestarle -Yo más-

-Yo menos que tú… pero te amo y ese es el chiste. ¿No?- dijo entre risas. Se había vuelto un jugueteo sin sentido desde hace años, casi rutina sagrada, parte de nuestra relación.

-Eres un tonto- dije sonriendo.

Y henos ahí a los cuatro: él y yo sentados en una banca rústica en plena explanada de bellas artes, una madre apenada y un pequeño niño que cambió nuestro día, de pié, frente a nosotros. Este era un pequeño de cabello lacio en forma de honguito que no dejaba de mirarnos, tendría unos cinco años cuando mucho y con la mirada más inquieta que un niño puede dar se armó de valor, se acercó a nosotros y nos golpeó. Bueno, exagero, no nos golpeó, nos dió unos loncherazos o algo así con su mochilita/lonchera.

-¡Groseros! ¡Inhamanos!- gritó, apenas sabía pronunciar tal palabra. Nosotros no supimos qué hacer, sorprendidos.

-¡Hijo de mi alma!- exclamó su madre. -¡¿Qué has hecho?!

Volteó a vernos y dijo -Disculpen jóvenes- con mucha pena en el rostro.

Mi novio volteó a verme con cara de cierto resentimiento, todo apuntaba a lo mismo, un pequeño niño homofóbico, yo solo resentí con la cabeza.

-No se preocupe señora. Déjeme preguntarle algo al pequeño. ¿Puedo?-

-Pídeles perdón, anda, sé educado- le dijo a su hijo.

-¡No!- Dijo él, con una mirada tan seria como la de un adulto, estaba muy metido en su papel y por un instante logró intimidarme pero despejé mi mente a tiempo para decir -Hola pequeño. ¿Cuál es tu nombre?- No contestó.

-Contesta. Sé educado. Discúlpenlo jóvenes, es un niño muy listo para su edad y sus acciones nunca dejan de sorprenderme, algunas buenas y…- titubeó -…otras no tanto-

Yo solo le sonreí gentilmente. Mi novio no hacía nada más que verme con su rostro reflejando algo de amor y ternura pero también una gran molestia contenida.

-¿Por qué nos has dicho eso pequeño?-

-¡Porque son unos groseros! ¿No se dan cuenta del mal ejemplo que le dan a los niños como yo? ¡Debería darles vergüenza!-

Pude notar lo mucho que le costaba pronunciar ciertas palabras por su edad, se estaba esforzando en lo que decía. Esto iba en serio.

Abrí los ojos tanto que mi novio solo pudo reír nerviosamente y su madre… bueno, su madre no cabía en su pena. -¡Mi amor! ¿Por qué dices esas cosas? ¿Yo te he enseñado a respetar a los demás sin importar nada- le dijo mientras sobaba su pequeña cabecita.

-¡¿Sabes tú lo que es el amor?!- Dije algo molesto pero controlando mi tono de voz justo a tiempo. El pequeñó se quedó callado unos segundos y al fin dijo:

-Claro que lo sé. Amor es lo que siente mamá y papá por mí-

-Y lo que siente tu mami por tu papi. ¿Apoco no es hermoso eso?-

-Sí- Dijo, algo tímido esta vez.

-Sí, es hermoso… El amor es hermoso ¿Y sabias tú que el amor también se da entre amigos?-

Titubeó.

-Sí… como a mis mejores amigos- contestó de forma más tímida y con un toque de alegría, sin embargo muy rápido retomó su furia y repuso: -¿Pero eso qué tiene que ver con lo que ustedes hacen?-

-Yo lo amo a él, pequeño. No como tú amas a tus amigos, no, de la misma forma en que tu mami ama a tu papi, tú mismo has dicho que es hermoso-

-¿Y eso qué?- Arrugó su carita tratando de entender.

-Pues así mismo lo amo a él y así es como me ama él a mí. ¿Acaso tú le ves algo malo a eso? ¿Acaso lo hermoso del amor se ha ido solo porque él y yo… bueno, solo porque los dos somos hombres?-

El niño entrecerró sus ojitos y nos observó de la forma más extraña que un niño puede mirar, sentí cómo penetró mi alma buscando respuestas y cómo no entendía nada de lo que pasaba. Volteé a ver a mi novio buscando un poco de ayuda y él solo me sonrió con los ojos humedecidos, vaya apoyo.

De pronto otro golpe, ésta vez en mi cabeza, mi novio se paró al instante y no supo cómo reaccionar, enojado, mientras su madre, asustada, tomó al niño de un brazo y estuvo a punto de darle alguna clase de bofetada en sus pequeñas manos pero se detuvo y no paró de pedir disculpas a mí y a mi novio. Me le quedé viendo otra vez y antes de que pudiera decir algo, me dijo:

-¡Ustedes no entienden! Es cierto que el amor es hermoso en todas formas y si se aman es su problema, a mí eso no me importa. ¡Ámense!- Un instante de confusión me llenó por completo, me sentí perdido justo antes de que el pequeño terminara -Pero por favor dejen de hacerse tontos y denle el lugar a esa pobre viejita que tanto me recuerda a mi abuelita. ¿Tanto hablarme del amor solo por no cederle el asiento? ¡Inhamanos!- Gritó con más furia.

Mi novio soltó un suspiro tremendo. La piel del cuerpo entero se me enchinó, al instante me paré y noté a esta pobre ancianita parada a menos de dos metros de la banca con dos bolsas de mercado en sus manos, nos miraba con gran curiosidad y sorpresa en su rostro. Este pequeño estaba influenciando 4 vidas al mismo tiempo y no tenía idea de que lo estaba haciendo. Tomé sus bolsas y le ayudé a sentarse, colocándolas a su lado, me sonrió con timidez y volteó a ver al pequeño. -Gracias- le dijo.

Me puse de rodillas frente a él y pregunté confuso: -¿Todo esto ha sido porque no le cedimos el lugar? Juro que no la habíamos visto-

-Pues sí. ¿Por qué más?- Contestó con sarcasmo lleno de inocencia. Su madre se inclinó hacia nosotros y dió un beso en la mejilla a su pequeño, con lágrimas en los ojos. No pude contenerme, una lágrima rodó por mi mejilla. El niño me sonrió tímidamente, tomé su mano y le di un apretón. Sobando su pequeña cabecita, le dije -Eres un gran pequeño héroe. ¿Lo sabes? Ve, anda con tu mami y golpea gente. ¡Golpéala con fuerza pequeño!-

El niño sonrió y me dió otro loncherazo en la pierna, tomó la mano de su madre y los vi alejarse hasta perderse entre la gente, me quedé de pié frente a la banca sin poder separar la vista de ellos. De pronto unos brazos me abrazaron por la espalda y un par de ojos secaron sus lágrimas en mi hombro. -Tú tan machote como siempre- le dije, volteándome hacia él. Me miró directo al alma y dijo.

-Te amo. Ahora sí más que tú- sonrió y volvió a decir -¡Te amo!-

Mirándole a los ojos y casi en un susurro contesté: -Te amo-

.

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.

-¡Yo también los amo!- dijo la viejita sentada en la banca y los tres rompimos a reír a carcajadas.

Recuerda que las mejores cosas de la vida vienen escritas o lo estuvieron previamente. Gracias por leer a Fi… con letra.

Posted in Escritura, Fi romántico, Historias

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