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10. Me das miedo Sofía

Cada que me es posible te saludo y ni siquiera te conozco. Al salir del metro, tras un largo trayecto desde mi trabajo, tan solo busco un poco de paz, caminar con calma al departamento y observar la profundidad de la noche. No me da miedo la oscuridad ni la soledad de las calles, me das miedo tú… aunque al pasar a tu lado simplemente no puedo evitar desear que me voltees a ver y sé que tú también esperas que yo te voltee a ver, nos dedicamos una sonrisa cordial con un ligero asentimiento que a veces sale sobrando. Noche a noche, paso a paso y cuando no estás… te extraño, aunque a veces también me da cierto gusto saber que en ese momento te habrá caído algún trabajo y que estás ganándote el pan de la noche.

Nunca nos hemos dirigido una palabra y a pesar de ello siento una extraña conexión contigo, difícil de explicar.

Tú tan firmemente parada, yo tan a prisa. Tú tan nocturna, yo tan hogareño.

Vistes de estrellas todas las noches.

Me sorprende tu belleza aunque dudo si siempre ha sido así. Tu complexión masculina aún sobresale a destellos aunque sin desencajar, en un perfecto equilibrio que seguro muchos y muchas envidiarán. En realidad no importa demasiado, aunque mi homosexualidad me haga creer que eso me da cierto derecho a tu amistad, como si el ser ambos de la misma comunidad LGBT automáticamente nos uniera de alguna forma. Que inmaduro y egoísta de mi parte.

No sé qué es lo que me atrae de tu persona, solo siento que te admiro aún sin saber si lo mereces.

He creado todo un personaje a tu alrededor: te llamo Sofía, tienes 34 años, eres increíblemente fuerte, imponente y también te sientes sumamente sola. Apuras todas las noches para tomar tu lugar, ese tan preciado pedazo de ciudad en el que trabajas tu piel, tu cuerpo, tu pasión y tu sexualidad.

¡Y vistes de estrellas por dentro y por fuera! Robas un poco de brillo a la noche y lo vistes con gran encanto, polvo de nubes por aquí, sombra de cielo por allá. Deslumbrando sin distinción a hombres y mujeres; peatones y coches; atrayendo miradas, envidias y hasta reproches. Mas tu gran coraje te mantiene firme, a pesar de todo, tu postura emana confianza, belleza y una enorme pasión de mujer, además de una entereza que no permite que nadie se atreva a desafiarte con cualquier bajeza.

Tu porte te define, eres más de lo que aparentas, de esas dueñas de la noche que valen la pena, que tienen una historia, de las que luchan hasta con ellas mismas para llevar el pan a su mesa con orgullo ganado y sin innecesaria vergüenza.

Sin embargo, tan solo una mirada, una sonrisa ligera y un simple cabeceo te delatan: eres muy solitaria, estás llena de miedos y tristeza, como todo ser humano que cobardemente no acepta sus virtudes, que siempre quiere más, que con alimento suficiente se llena la panza de puro soñar. Te aterra no lograr tu objetivo y que las calles se vuelvan tu hogar, te aterra sentirte vacía, quedarte sin nada más que ofrecer, te aterra que llegue el día en que nadie reconozca a Sofía, al ser humano, a la mujer.

¡Pero te vistes de estrellas todas las noches!

Deslumbras con tu belleza al pasar, haces cuestionar las injusticias de la vida, las circunstancias que llevan a una persona a hacer cosas de las que no se creía capaz y cuando crees que no puedes mas, cuando el frío de la noche te hace temblar, recuerdas tus motivos, tu meta final y como toda una maestra en el arte, cubres tus miedos con porte, con gran estilo, zapatos altos y entallado vestido, un poco de maquillaje y mucha, mucha fuerza.

Poco a poco llega la mañana y se asoma el sol, lo observas con nostalgia y un toque de gratitud. De pronto, como si de un hechizo se tratara, tu coraza cae al suelo y golpea con fuerza. Se ha ido ya el brillo de la noche pero pareciera que la gran avenida nunca se cansa, nunca duerme. ¡Siguen pasando los coches! Más la jornada ha terminado ya, bajas de tu pedestal cuando te quitas los tacones, cubres tu piel con un grueso abrigo y con la frente aún en alto… regresas a casa.

A veces me cuestiono si este personaje en verdad existe, si eres lo que imagino, si tu realidad es menos o más triste, si eres feliz.

Por eso me das miedo, no te quiero perder, no quiero hablarte y descubrir algo que no quiero ver. Porque a mi ego le encanta pensar que yo también soy un personaje para ti, al que saludas cada que pasa a tu lado, el que con una mirada te da cariño cada que miras hacia abajo desde tu cielo estrellado, el que te da aliento con una sonrisa, al que le brindas tan solo un poco de tu ser sin siquiera darle una sola de tus palabras.

No quiero decepcionarnos mutuamente, tampoco soy una persona demasiado especial.

Es probable que ni siquiera imagines nada, que no viva en ti un ser egocéntrico que imagina personajes en su vida diaria y que le dedica letras a desconocidos; eso me dejaría un hueco en la noche, me quedaría sin ese misterio diario de no saber a quién le dedico una parte de mí, una parte de mi preocupación, una parte de mi día, una parte de mi razón.

Quisiera invitarte una cerveza o un rico cocktail pero hay demasiado en riesgo, quisiera dedicarte más letras pero hasta eso me da miedo.


Esta historia es 70% real y 30% ficción. Sofi existe, aunque quizá bajo otro nombre, bajo otra identidad, con otra personalidad. Todo lo que describo sucede noche tras noche, en verdad le sonrío y en verdad me sonríe, en verdad me transmite todo esto que relato con solo una mirada y ciertamente espero sea muy cercano a la realidad, aunque eso me agrada y me preocupa en cantidades iguales. Solo espero que ella sea feliz.

Recuerda que las mejores cosas de la vida vienen escritas, lo estuvieron previamente o lo estarán algún día. Gracias por leer a Fi… con letra.

Posted in Escritura, Fi romántico, Historias

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