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Fidel Vazquez Añorve

17 de Marzo de 1994

Diseñador. Minimalista. Escritor.

Soñador. Hasta ahí. Todo se quedaba en sueño. Muy temeroso para perseguirlos hasta el final pero lo suficientemente valiente para intentarlo hasta cierto nivel y llegado el momento de la verdad me preocupaba demasiado la opinión de mis padres, familiares, amigos. Una cruda verdad que si bien ya estoy superando, a veces parece demasiado arraigada en mi interior, aún así me mantengo siempre con la mente abierta y la frente en alto.

El dinero me ataba, me amarraba, me esclavizaba. Tenía la idea de que sin dinero no podría vivir. Tengo que trabajar, tengo que trabajar. Tengo que trabajar. No podría lograr ninguno de mis sueños, tener las cosas que quiero, lograr mis metas… si no trabajo. Incluso escribir.

No amaba mi trabajo… ni el pasado ni los tres pasados, no lo amaba pero al fin lo disfrutaba y sobre todo: lo valoraba. Los nuevos trabajos suelen emocionarme al principio pero siempre terminan por hartarme, aburrirme, frustrarme, molestarme y hasta odiarlos. No estoy hecho para trabajar horarios fijos con actividades fijas y repetitivas, es la verdad.

Me frustro demasiado rápido con todo, más con lo que no está en mis manos o por el contrario, con cosas que incluso tengo el poder de cambiar pero me importaba demasiado la salud mental y emocional de las demás personas por encima de la mía propia. Yo prefería aplacar mis pesares y me volví muy bueno en ello, ya no se acumulaban, simplemente no surgían en mi interior como antes. Ahora estoy trabajando en ello, en ya no reprimir mis verdaderos sentimientos, mi verdadero ser, me he convertido en una persona muy directa, honesta y responsable sobre mis acciones, sin embargo estoy consciente de que aún falta bastante camino por recorrer… y eso me emociona.

Abandoné la universidad a mis 23 años, Diseño Industrial, desde entonces trabajo para mantenerme y llegué a estar en una posición en la que ganaba más que algunos de mis compañeros egresados a tiempo, titulados y ejerciendo. Lo cual no me dio tanta satisfacción relativa como yo quisiera pues mi trabajo me llegaba a frustrar y no era del todo feliz. Por eso renuncié.

¡Y es que, además, varios de mis más cercanos compañeros son tan felices, exitosos a su manera, chingonas personas!

Me di cuenta de que son felices porque están haciendo lo que tanto les gusta, lo que les apasiona, el hecho de que dejara de serlo para mí no significa que sea algo malo o feo, es solo que no es lo mío y nada me hará sentir ni menos ni más que ellos. Tienen el mío y creo que tengo su respeto.

Poco a poco he hecho cambios en mi vida que me han llevado a tener una mejor relación conmigo mismo. Todo empezó con la decisión de tomar psicoterapia, cuando estaba hasta el fondo del hoyo decidí que debía salir de él de una forma u otra. Acudí seis meses con un psicoterapeuta y al final del sexto mes una persona muy especial -pero lejana- en mi vida me hizo un mega resumen de todo ese tiempo de terapia en solo una tarde. Todo tomó sentido. Cada hora, cada sesión, cada palabra en terapia, resumida y reinventada con palabras fuertes y rudas en tan solo una tarde. Una combinación que penetró mi interior y me hizo darme cuenta que podía lograrlo, solo debía seguirle chingando y aprender a tomar decisiones definitivas.

Objetivo: limpiar mi mente de tantas ideas arraigadas sobre reprimirme, aislarme, para no sufrir. Dejar de razonar tan profundamente las cosas, dejarme llevar un poco más, soltarme, liberarme de tantos sentimientos acumulados, reprimidos, aislados. Dejarlos ir sin más o demostrarlos. Quedarme con lo esencial, con lo que realmente le aporta valor a mi vida, lo demás es desechable. Fue así como surgió, poco a poco, un estilo de vida que más adelante identificaría como minimalista.

Me fui autodescubriendo, nuevamente, desde cero. Empecé a pensar en ese joven de 19 años que había llegado a la gran ciudad mirando por la ventana de una Eco Sport blanca con la expectativa de una vida llena de sorpresas, nuevos amigos, libertad, sobre todo libertad. Para ser y hacer lo que siempre había querido, lo que siempre había sentido, lo que siempre ha sido. Una escapatoria del terreno familiar, de las miradas obsesivas y las preguntas inquietantes, lejos de los jueces peatonales, de las burlas sin sentido. Una más de mis escapatorias, de mi forma de evadir.

Por fin sería yo mismo. Y lo fui… por un tiempo. Al principio todo iba bien, avanzaba paso a paso, con cautela pero firme. De pronto me sacaron del closet de la noche a la mañana, me vi forzado a enfrentar mis mayores miedos, me enamoré de lo prohibido, me volví como un hermano, amante y amigo. Sufrí, lloré, triunfé, bebí, bailé, canté, sonreí, probé, grité, corrí, tropecé, besé, intimé con cuerpos amigos, volví a sufrir, volví a llorar, mi vida mejoró, mi vida empeoró, me perdí en viajes astrales y me reencontré conmigo mismo, perdí compañías de años, perdí al amante, amigo y hermano tras sentir su pasión, luego su decepción, sentí su indiferencia y luego su verdadero cariño, lo vi vulnerable, descubrí su verdadero ser, por unos meses lo pude apreciar en su debilidad, en su más bajo nivel pero como todo lo que baja tiene que subir -¿o era al revés?- volvió el amante, el popular, el engreído, pero no volvió el amigo, mucho menos el hermano, todo se fue al caño. Actualmente no lo he vuelto a ver, se ha vuelto una historia sin fin, una historia de lo que nunca fue, donde ya no habita la pureza de antaño, solo ganas de saciar un deseo, una grandeza, una enferma necesidad de aplausos vacíos, de admiración no merecida. Ya no más.

Empecé a escribir… o volví a empezar. Expresé mi interior, lo dejé salir y por unos meses creí que todo estaría bien. Hasta que llegó el momento de la verdad. En abril del 2019, colapsé. Tuve un ataque de ansiedad, crisis nerviosa o como lo quieras llamar. Acabé en el psiquiatra y medicado. Depresión clínica, crónica y no se que madres más. Toqué fondo, para que me entiendas. En ese momento supe que no podía seguir fingiendo, que no podía seguir siendo alguien que no era, supuestamente ya era feliz, fuera del closet, fuera de la universidad, fuera de mi estado natal, fuera de la escasez, un joven independiente y exitoso viviendo en la gran ciudad. ¡Pura mierda!

Por dentro estaba hecho pura mierda. Nada era real, no lo sentía, no lo apreciaba, simplemente no sentía nada.

Renuncie. Regrese a mi pueblo y, tras la insistencia de una de mis más cercanas amigas, tomé el “entrenamiento”. Mi vida volvió a tomar sentido, estoy recuperando cosas de mi que creí perdidas y estoy logrando otras que creí imposibles.

Es aquí donde me encuentro. Viviendo mi tercer nivel, mi programa de logros. Estoy sufriendo pero también aprendiendo, me esfuerzo a diario y batallo por ser mejor, por lograr lo que me propongo y ser fiel a mi ser:

Un hombre creativo, sensible, entregado, honesto, amoroso y apasionado.

Al fin no hay nadie en mi cabeza moldeando mis gustos, mis deseos, mis supuestas metas. Al fin puedo volar libre de influencias externas, al fin he desarrollado mi propio filtro para aceptar las que parecen duras pero sé que son buenas, aunque vayan muy en contra de mis formas de pensar y al fin confío en mi juicio al tomar una decisión sobre ellas.

En conclusión: Vivo en constante cambio, en constante mejora. Soy minimalista desde mis objetos personales hasta mi lugar de residencia, desde mi exterior materialista hasta mi interior emocional, me manejo bajo la perspectiva Zero Waste mediante la cual genero una cantidad de basura mínima y solo utilizo productos totalmente naturales y compostables, estoy retomando mi vida, y la parte que considero más importante por ahora, la parte que estoy trabajando, mi mayor pasión, la parte que más deseo explorar: soy escritor… o al menos me siento con la capacidad, las ganas y la fuerza de voluntad para volverme uno.

Ya he logrado vivir a gusto conmigo mismo, me siento feliz y aunque falta mucho camino por recorrer, tengo las herramientas para caminarlo aunque tropiece más de dos veces, aunque pierda el camino por momentos, al fin tengo un medio a través del cual expresar lo más profundo y sincero de mi ser.

Ahora sé que tendré muchos momentos de duda, de miedo, de fracasos y obstáculos increíblemente difíciles de superar, pero también se que soy el único responsable de lo que pase después, ahora sé que aunque caiga, ese no es el final. No es mi final.

Esta vida continuará.